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DE LUCIÉRNAGAS Y ÉPICA EN TARRAZÚ

Oct . 2015
Por: admin
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DE LUCIÉRNAGAS Y ÉPICA EN TARRAZÚ

  • Sobre la función del 13 de octubre en San Marcos de Tarrazú

El teatro es un medio. El agua la opacan los aplausos y la luz el público. Si algo ha marcado mi experiencia en estas giras de Romeo y Julieta ha sido la respuesta delas personas agradecidas y acogidas por el teatro. Con el poder que me da la pluma, me he atrevido a proclamar el teatro como pretexto, la sonrisa como fin último, el cariño y el calor como objetivo primordial de la escena luminosa a partir de lo ocurrido en las últimas giras que efectuamos.

El pasado martes 13 de octubre el grupo partió hacia San Marcos de Tarrazú en la misma expedición de todas las semanas: llevar el teatro adonde el Alzheimer del gobierno parece acrecentarse sin remedio. Más que monotonía de viajes insurgentes y remotos, cada gira se vuelve más retadora y confortante. Conocer lugares de Costa Rica de una forma tan diferente al turismo ocasional es liberación.

Nos recibieron con humildad y de inmediato nos dimos a la tarea de preparar el espacio de trabajo. Los estudiantes estuvieron más que dispuestos a ayudarnos, algunos ya nos conocían por experiencias pasadas otros se empezaban a interesar por el teatro. La función estaba programada para las cinco de la tarde, todos sabemos que la gran amenaza a esas horas es el agua y más cuando se trabaja dentro de un gimnasio. El sonido del Zinc al golpearse es de martilleo, el sudor se derrama cuando se habla por encima de patadas y truenos. Un actor está dispuesto a la muerte si es necesario.

A las cinco entró el público. Empezaba la función. Empezaron los sueños. Los gimnasios se convierten en castillos trasportados por la mirada hacia los años 1600. Shakespeare lo supo, su teatro es inmortal. En un país diminuto, 500 años después, un grupo de jóvenes se atreve a ponerlo en escena y el público lo entiende como si fueran lecciones cotidianas envueltas en arroz y frijoles. Cayó la lluvia.

La lluvia trae una energía más fuerte que la luz. Con el primer rayo el primer apagón involuntario. El apagón en el teatro usualmente presagia el fin de algo, los actores decidieron tomar por las riendas el texto y superponerse a la acción de la naturaleza; continuaron con la escena. A oscuras era inentendible lo que ocurría, un diálogo en el balcón entre una Julieta apagada y un Romeo penumbroso, hasta que una luciérnaga alumbró el escenario. Poco a poco se encendieron luces de lo único que completa el círculo del teatro: el público. Cada persona sacó su celular para que, con el foco, dar la energía que se habían robado de la escena. El espectáculo terminó con más luz de la del inicio, a pesar de que la electricidad volvió después de la escena entre Romeo y Julieta. La energía no se crea ni se destruye, excepto en el teatro donde la sumatoria final fue mayor a la del inicio. La ciencia no entiende los caminos borrascosos del arte.

En varias giras fue la primera vez que se tuvo un acontecimiento tan sorprendente. Brecht y Piscator sostuvieron que los actores deben de tener conciencia política pero qué ocurre cuando el público: ¿les recuerda la épica política del teatro? Dicho de otro modo, qué ocurre si el público le enseña a los actores más de lo que ellos podrían enseñarles con una obra. Me queda clarísimo que el aprendizaje fluyó de ambas contrapartes pero si algo puedo decir, yo que estuve entre el público, fue que la unión de una comunidad sobrepuso las peripecias que se puedan enfrentar. Las ganas y el coraje de querer ver, querer sentir, querer estar fueron más grandes que el destino. Más grandes que el viento, más rápidas que la luz.

Ernesto García
18 de octubre de 2015

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