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Tres crónicas para una muerte anunciada

May . 2015
Por: admin
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Tres crónicas para una muerte anunciada

María Lourdes Cortés

...el poema perfecto del crimen atroz y el terrible amor, encadenados por el rompecabezas de la fatalidad.
Eligio García

Cuando se ha adaptado a García Márquez para el cine o el teatro, generalmente se ha tendido a enfatizar en lo epidérmico del texto. Son películas o espectáculos que procuran mostrar lo “garciamarquiano” a partir de cuidadosas direcciones de arte, vestuario, locaciones embellecidas, muchos personajes secundarios, entre otros elementos de producción.

Es el caso de la adaptación que hiciera el director italiano Francesco Rosi en 1987 de Crónica de una muerte anunciada, o la adaptación teatral que Luis Carlos Vásquez realizara de La cándida Erendira y su abuela desalmada, en 1985, en el Teatro Nacional.

El Teatro Espressivo ha puesto en escena Crónica de una muerte anunciada, sin duda una de las novelas más emblemáticas del autor colombiano. Este montaje, nos ha resultado interesante, por su acercamiento a un contexto más cercano al nuestro, menos embellecido y pomposo y, que concentra el sentido principal del texto, en lo narrado y representado, más que en otros elementos artísticos paratextuales.

Gracias a nuestra investigación sobre la relación de García Márquez con el audiovisual (Los amores contrariados. García Márquez y el cine, México: Planeta, en prensa), hemos analizado casi 30 adaptaciones de textos o guiones del Nobel colombiano, por lo que nos interesó acercarnos al montaje dirigido por Carlos Salazar, en una especie de mirada a una tercera crónica de la muerte de Santiago Nasar.

La violencia colectiva como eje textual

La novela parte de un hecho real: el asesinato de un amigo de la familia de García Márquez.

Este acontecimiento podría haber aparecido en la página de sucesos de cualquier diario de los años cincuenta: En un pueblo pequeño, un recién casado, devuelve a su novia al encontrar que ésta no es virgen. Los hermanos de la joven, vengan el honor de su hermana asesinando al presunto autor del hecho.

Sin embargo, de este incidente banal, García Márquez ha logrado construir una historia apasionante de amor y muerte, en el que los juegos temporales del texto, producen un ir y venir en el tiempo y una sensación permanente de que el curso de los hechos –anunciados desde el título- podrían cambiar.

El texto tiene tres líneas de narración: la crónica del homicidio, la historia de amor y, especialmente, la violencia colectiva presentada en la muerte de Santiago Nasar.

El texto literario es eminentemente fragmentario y está construido con las “astillas dispersas del espejo roto de la memoria". A la imagen de un rompecabezas, se recogerán partes, y se unirán, pero siempre estarán presentes los bordes de unión, las fisuras, los huecos. No hay lectura/relato/crónica total. La crónica se realizará al bordear los fragmentos, lo que nunca se dice, ¿el secreto? Porque nunca sabremos a cabalidad si Santiago Nasar fue el verdadero culpable del deshonor de Angela Vicario.

Por ello, el cronista se enfrenta a diversos tipos de discursos, todos sumamente ambiguos: los sueños, las premoniciones, las imágenes, el sumario y los testimonios.

El amor más allá de la muerte: la adaptación cinematográfica

Francesco Rosi, adapta este texto complejo y lo convierte en una historia unitaria en la que todos sus fragmentos se reducen a una terrible historia de amor con final feliz. La producción echa mano de recursos de producción exhorbitantes y al igual que los "gringos" de la United Fruit Company en Macondo, los italianos de Rosi volvieron, al derecho y al revés, la pequeña ciudad de Mompóx. La pintaron completa de blanco, la desinfectaron, arreglaron todo detalle y la convirtieron en una ciudad de un Caribe de tarjeta postal.

Además, los protagonistas fueron encarnados por los actores más bellos de Europa: Ornella Muti, Anthony Delón, hijo del célebre Alain Delon y Rupert Everett encabezaron un elenco, al lado de dos modelos portugueses de pasarela de un 1. 90, que protagonizaron a los dos carniceros de pueblo.

En este Caribe de Rosi se elimina todo aquello que pueda ensuciar la imagen y son eliminadas la autopsia, la sangre misma, el sudor, los perros comiéndose las entrañas del muerto.

En síntesis, el film proyecta una fotografía suavizada, cuidadosa iluminación, limpios y hermosos decorados en blanco, vestuario también impecablemente blanco, rostros hermosos y una historia de amor, a la que se le han eliminado todos los elementos de ruptura con una estética de lo grotesco, lo que hacen del film una tarjeta postal del Caribe, pero nunca el mundo violento y convulsionado del trópico de García Márquez.

Pero lo más cuestionable es la reducción de la violencia implícita en todo un pueblo que, de alguna manera, ansía el espectáculo de la muerte. Una imagen de Santiago Nasar en el centro de la plaza no basta para proyectarnos esa guerra que ha vivido Colombia durante más de medio siglo.

Rosí, en sus propias palabras, quiso que el amor limpiara la violencia y por ello enfatiza en la historia entre Angela Vicario y Bayardo San Román. Los momentos más espectaculares del filme están dedicados al encuentro y cortejo de la pareja, la boda y el reencuentro después de 17 años, en el que aparece un guapísimo Bayardo San Román, con unas cuantas canas, haciendo un camino de cartas sin abrir, mientras vemos a una aún hermosa Angela Vicaria, correr hacia él e hincarse a sus pies. Una visión plena del machismo de la época y teñida de una cursilería que no tiene cabida en la novela de García Márquez.

Una propuesta modesta para un crímen de pueblo

Mucho más cercana al texto literario está la adaptación que realizara Carlos Salazar para el Teatro Espressivo.

En primer lugar, solo el hecho de que sea un montaje sencillo, ya es un mérito. La producción no cayó en la tentación de la parafernalia para “adornar” el lenguaje y el mundo “garciamarquiano”.

No hay grandilocuencia y si bien la puesta acude a un narrador, este nos habla de un modo neutro y no cae en la tentación de repetir de manera sentenciosa los textos escogidos. Este es uno de los vicios más reiterados en las adaptaciones de García Márquez, y cómo señala un crítico cinematográfico: “...los personajes de Gabo, cuando hablan, a veces dicen cosas muy normales, pero en otros dicen cosas que si los ponés en boca de un personaje cinematográfico, resultan totalmente increíbles. Por eso, uno de los riesgos mayores que se corre queriendo hacer cine de la literatura de Gabo, es intentar transmitir en los diálogos, las palabras de algunos de sus personajes.” Lo mismo podemos decir de algunos montajes teatrales también.

Si bien la puesta emplea muchísimo la narración, tanto en lo representado directamente como en el audiovisual, los textos nunca se sienten “literarios”.

A la voz off que se utiliza, también se suma una serie de videos que muestran algunas imágenes de ese mundo “gabiano” pero, sobre todo, los testimonios de los personajes que son interrogados en el texto y que dan referencias muy breves de lo sucedido.

Actores más consagrados en el medio, como Leonardo Perucci, Roxana Campos, Vinicio Rojas, Juan Carlos Calderón, entre otros, dan vida a ese pueblo que supo anticipadamente del crimen y no pudo evitarlo. Es una visión documental de lo que sucedió y en ese sentido, se muestra casi siempre en imágenes en blanco y negro y primeros planos. Estos testimonios –presentes intermitentemente- representan la fragmentación de algunos de los discursos presentes en el texto –la autopsia, el sumario, los testimonios en sí- y a la vez, propone la ambigüedad de la novela, con la polifonía de las diversas voces.

La escenografía de madera, tablones desvencijados que dejan rendijas entre unos y otros, podrían representar también esa incapacidad del texto de decirnos una verdad, de mantener siempre su secreto.

Esta escenografía “pobre” como los pueblos macondianos, presenta tres espacios más o menos fijos: el burdel; la casa de Santiago, y otro que casi siempre utiliza Cristo Bedoya. En el escenario tenemos la cantina.

Los personajes –a diferencia de lo que describíamos en relación con la adaptación cinematográfica de Rosi- están vestidos de manera colorida, como vemos a los pueblerinos de nuestros países. La excepción es Bayardo, que aparece siempre exótico, todo vestido de cuero y cuya familia –que vemos en imágenes- son mulatos del Caribe insular.

Angela Vicario no es presentada ni como una mojigata, ni como una belleza. Es una chica de pueblo, linda, pero que en ningún momento llama la atención de Santiago.

La dirección de arte en general –vestuario, utilería- nos acerca más al kitsch de santos, velas y flores plásticas de nuestras casas de clase media o baja. Y esto es uno de los grandes aciertos de la puesta: nos acerca la obra de García Márquez a un mundo que conocemos.

Mientras Rosi nos alejaba del mundo de Santiago Nasar, presentándonos un universo idílico y estilizado, la puesta de Carlos Salazar nos introduce a un espacio conocido: la Crónica pudo haber pasado en cualquier pueblo de nuestro país.

Los actores presentes, alternan, con los mostrados en los videos, con la música y los sonidos, en una dispersión propia de la polifonía del texto. Y, a la vez, la puesta –encabalgada entre lo documental y la ficción, entre lo narrado y lo representado- logra amarrar todo lo anterior en un solo hecho: la muerte de Santiago Nasar.

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